Este hombre sí es de hierro

José Javier Rojas




I

Todos necesitamos héroes. La gesta épica es parte de la formación de todas las naciones, en general, y de cada individuo, en particular. Los héroes son el modelo aspiracional, el deber ser, el referente moral, el norte y los hitos en el camino para alcanzarlo. En la historia, la mitología, la ficción o en el santoral, el panteón de nuestros héroes modela la clase de personas que somos y la clase de personas que queremos y quizás alcancemos ser.

Tony Stark es mi clase de héroe. Es una mezcla de Steve Jobs, con Mikhail Kalashnikov, Albert Speer, San Agustín de Hipona, San Jorge y Siddhartha. No tiene los fantasmas ni las taras emocionales de Batman, pero sí su chequera y todos sus juguetes de tecnología de punta. Tenemos en Stark a un plutócrata con corazón, pero con cojones, nada de hipócritas pusilánimes con lentes y abrigos de lana a lo Bill Gates, el Tercero (por cierto, aprovecho para escupir públicamente sobre Windows Vista, puaj, puaj, puaj. Hasta la vista, Vista, si te he visto no te conozco, ni me interesa jamás conocerte).

Debajo de esa armadura, Stark acusa los golpes como yo. Como yo, Stark requiere de fuentes externas de energía, nunca se basta con la propia y está siempre a punto de quedarse sin pilas, agotado, sobre exigido y exangüe ante un desafío que supera siempre sus fuerzas físicas. Yo me bandeo con ging seng. Stark tiene un reactor nuclear de bolsillo. Pero al final, tanto Tony, como usted y como yo (y bueno, como el Hombre Araña y otras franquicias de Marvel) tenemos que recurrir al ingenio y meterle coco al asunto para resolver el entuerto y darle matarile al malo de la película. Solo Hulk es un héroe que lo es cuando se pone bruto (y que conste, tiene por lo menos tres doctorados).



II

Robert Downey Jr. es el actor mejor dotado (ejem) de su generación. Dicho así a la ligera suena a cualquier cosa, pero cuando decimos que en esa misma generación está acompañado de nada menos que Johnny Depp, Brendan Fraser, Brad Pitt, Edward Norton y Will Smith, tal afirmación luce un tanto temeraria. Este grupo lo es porque tienen todos sus miembros (ejem) una característica común que los separa del lote de los grandes intérpretes que hoy, quién lo diría en los tiempos de total estupidez consolidada, globalizada y militante, disfrutamos los agradecidos espectadores de la gran pantalla. Esta característica es que el rango, la versatilidad y la credibilidad de estos artistas los hace desempeñarse con total solvencia en toda clase de géneros fílmicos y a través de todos los registros.

No importa si es comedia, romance, acción, aventuras, drama de época, suspenso, infantil, animada, sátira política, denuncia social o cine de autor o la tarea que ponga usted por delante de estos animales, ellos ararán el prado, sembrarán las semillas, irrigarán y cosecharán. Porque vaya que si cosechan. Son, huelga decirlo, nombres con peso específico en la recaudación de taquilla. Las mujeres los aman con frenesí y los hombres celebramos que así sea con resignación pero sin atisbo de rencor. Todos pagamos buen dinero por verlos una y otra vez. Sobre ellos reina, luego de bajar y subir de vuelta de su muy privado pero publicitado infierno personal, Downey.

Verlo este verano en Iron Man al lado de ese otro gigante, en este caso, el actor más subestimado y dejado de lado de su generación, Jeff Bridges, es la confirmación de tener frente a uno a un genio que se da cada edad geológica. En esta atípica película antibélica cuyo héroe no podía ser otro que un empresario multimillonario gracias al desarrollo y venta de armas urbi et orbi, Downey nos regala al mismísimo Chaplin (por cuya interpretación suya previa en el filme de Attenborough se ganara un Oscar) ahora revisado, editado y ampliado para nuestro disfrute.

Honrando su deuda con la justicia poética, el actor nos paga con intereses al demostrarnos una solvencia, una profundidad tal y un alcance en cada gesto, en cada guiño siquiera, que nos hace entender que apenas era un atisbo de su arte lo que nos mostró entonces en aquella actuación laureada. Tal es la tragedia del éxito comercial y la mala conciencia abotagada por los lugares comunes de los biopics que siempre acaparan los premios por mejor actuación (cierto es que el Jack Sparrow de Depp nos hizo pensar que había algo distinto que telarañas en aquellas mentes, pero esa nominación fue una alegría de tísico).



III

Francis Ford Coppola, el monstruo que nos legó el magnus opus El Padrino y encima de ñapa Apocalipsis Ahora, dijo de ésta última que no era una película sobre la guerra de Vietnam, sino que era la mismísima guerra de Vietnam. Para entenderlo, ayuda ver el documental sobre la accidentada realización de la película, adecuadamente titulado casi como el libro que la inspiró: Corazones de las Tinieblas.

La historia se da primero como un drama y luego se repite como comedia. Presumo que inspirado en esta máxima Ben Stiller se confabula con Ethan Cohen y un elenco de todos estrellas en el que destaca Downey Jr. para traernos Tropic Thunder, desde ya envuelta en agria polémica y casi en el escándalo porque Downey, en estos tiempos de almidonada corrección política y crispación racial en franca escalada, hace de un actor blanco que interpreta a un personaje negro en una película acerca de una película. Cine dentro del cine en un juego de espejos que nos pone delante nuestras propias falencias para reírnos de nosotros mismos, los personajes más trágicamente cómicos y ridículos, algunos cables noticiosos reseñaban el desagrado de actores negros del sindicato con poco sentido del humor y nada dados a la sátira racial, para ellos racista (aprovecho para manifestar mi entera simpatía por la candidatura de Barack Obama y mi total desagrado por la del Hombre con Nombre de Torta de Caja).

Programada para agosto en los Estados Unidos, ojalá el estreno en estas latitudes de Tropic Thunder llegue más pronto que tarde auspiciado por el resonante éxito comercial de Iron Man. Haremos la cola frente a la taquilla en el fin de semana del estreno, eso es seguro.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Una enmiendota por el yerro de hierro:
Downey Jr., fue nominado en 1992 tanto a los Globos de Oro de la Asociacion de Corresponsales Extranjeros, como al BAFTA del Reino Unido y a los Premios de la Academia del Cine estadounidense como mejor actor, pero no fue honrado en ninguna de las premiaciones. Mi falta de rigor en mi texto laudatorio al genio del gran actor se debe a que estoy oxidado de tanto buscar en linea fotos reveladoras de tenistas rusas y croatas. Por favor, acepten mis descabelladas excusas, porque no se me ocurren otras.
Gracias al gran amigo gran periodista y mayor hombre de cine Gonzalo Jimenez por el pertinente dato: el premio del 92 deber estar en alguna repisa en casa de Al Pacino por su sobreactuada y llena de lugares comunes Perfume de Mujer.
Gracias otra vez por preferir a los Hermanos Chang, vuelvan siempre.
J.J.R.

El hombre de la Patrulla Científica dijo...

Hombre de la cava, estás muy mal... Muy mal.

Eso sí: este artículo está muy bien.

Os felicito de todo corazón.